Desde siempre se ha dicho que las palabras son el reflejo de nuestro pensamiento, pero de ahí a entregarlo gratuitamente a la multitud sin medir resultados y esperar que los demás se sientan pendientes a nuestras iluminaciones ¿Que motiva a estar siempre en la palestra sin importar consecuencias?
Desde siempre ha existido la tendencia a plasmar nuestras ideas en cualquier sitio, desde baños de espacios públicos, pasando por la locomoción colectiva, hasta llegar a lo que hoy conocemos como twitter, twittear se ha convertido en nuestro pequeño espacio público para rayar, decir lo que se nos antoja sin importar las consecuencias para el suscriptor ni mucho menos para el aludido, es como la tierra de nadie o un pueblo sin ley, cada uno empeñado en ofender, mofarse, denigrar, comprometer, pelar y denostar al próximo, pareciera como que aquel sitio que permite al iluminado escribir lo que no se atreve a comentar, hablar u opinar de manera seria. Un autor argentino señaló no muy lejos de la realidad que se trataba de un grupo de ignorantes con posibilidad de tener una Blackberry.
La farándula, el mundo del deporte, las modelos, los artistas mantienen sus cuentas atiborradas de seguidores y comentan el mundo según su particular modo de ver la vida, pero vino lo peor, nuestros políticos adoptaron la tendencia haciéndola pan de cada día, basta verlos por ahí para darse cuenta que viven en un espacio paralelo a la vida normal, están pero no están, a modo de ejemplo, en la interpelación de la ministra Matte, en lo mas álgido de la discusión, los honorables juegan con sus blackberry, se comentan unos a otros de lo mas variado, pasando por las piernas de una colega hasta los partidos de fútbol del fin de semana, comentan lo que se les viene en mente, mientras otro de sus colegas suda la gota gorda tratando de imponer sus ideales en el hemiciclo, los demás siguen en este nuevo mundo paralelo, irreal, virtual, de allí que doy gracias a su creador de que no sean mas de 140 caracteres.
Bernardo Norambuena C Abogado