Una de las características principales de toda guerra sucia es la violencia verbal y simbólica que antecede o acompaña a la eliminación mediática del adversario, y su finalidad es polarizar al electorado en buenos contra malos, corruptos contra impolutos, amenazas para Chile contra salvadores autoasignados.
Pero si bien es una practica muy conocida por nuestros políticos y fue la principal herramienta de lucha en los años setenta, dicha nomenclatura parecía abandonada por nuestra elite partidista, pero que reflota lamentablemente y en todo su “esplendor” con las cobardes imputaciones al senador Jovino Novoa hace un par de años y se vienen a la mente en estos días con expresiones de nuestros honorables, que parecieran sacadas de un diario amarillista de mediados de los ochenta, expresiones como “Lame botas” o “Chupa Fusil” nos recuerdan, para nuestra desgracia, que estamos gobernados por las mismas personas que protagonizaban estas absurdas batallas verbales desde hace mas de treinta años, es así como para nuestra sorpresa un olvidado senador Zaldivar arremete a la arena política con una frase para el bronce “Juventudes Hitlerianas” y nada menos que en contra de una autoridad política perteneciente a un poder del Estado distinto al legislativo, haciendo gala de toda su cortesía hacia una mujer.
La violencia solo genera Violencia, y lamentablemente tal y cual en otras aristas de la vida, siempre va en aumento, comienza con palabras como las comentadas, para posteriormente pasar a descalificaciones ligadas a la vida privada de las personas, su comportamiento sexual, religioso, familiar, amoroso, etc. Esto que a la luz de los antecedentes parece una cosa menor, no es otra que la combustión necesaria para hacer andar una maquina poderosa de desaliento, insatisfacción, desinterés y poca atracción para la población en temas ligados a la política.
Tratar de corregir o extirpar estas prácticas parece ser la tarea de las nuevas generaciones ligadas al ámbito político, personas jóvenes que han ingresado a estos estadios, ojala con la finalidad de dar tiraje a la chimenea y de limpiar la casa y no con el propósito de perpetuarse como los demás y mimetizarse de sus comportamientos. La política en su mas pura expresión, no es otra cosa que dedicarse a los demás, trabajar por el próximo en harás del bien común y no un simple ejercicio del poder por la conquista del voto del electorado, pues si llegamos a aquello el tema público se transformará solo en la obsesión u obstinación de ostentar el poder en beneficio de unos pocos y en desmedro de nuestros adversarios.
BERNARDO NORAMBUENA
ABOGADO
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